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  IDEAS SOBRE LA CRÍTICA A LA DEMOCRACIA 

1. Si se sostiene que no se puede -o no se debe- actuar en el sistema, pues el sistema es la enfermedad, quedamos paralizados de entrada. El sistema institucional vigente nos incluye, mal que nos pese, puesto que somos ciudadanos de éste Estado, y debemos sujetarnos a los trámites oficiales, cobrar sueldos o jubilaciones, pagar las multas e impuestos, etc. 

2. Dice Lilia Genta: “En cuanto al sistema, vivo en el siglo XXI aunque ame el siglo XIII que no es mi tiempo. Dios me hizo vivir en este tiempo y en esta realidad. (...) Es inútil querer forzar la máquina del tiempo. Dios nos exige el testimonio ahora, con todos los medios que se nos presentan. Los medios son sólo eso, medios. El asunto es usarlos sin renuncios.” 

3. Señala Ernesto Palacio: “El error de muchos tratadistas políticos, sin excluir a los más excelsos, consiste en objetar la legitimidad de ciertas formas históricas por los errores intelectuales en que se fundan.”

“El sufragio está justificado por la experiencia secular como una forma de selección legítima de las clases gobernantes, aunque la razón se oponga a las fantasías del contrato social e incluso al dogma de la soberanía del pueblo, en que se funda la religión democrática.”

“Todo gobierno es un gobierno mixto. Aunque no lo sea en su constitución escrita, lo será en su constitución real, en su funcionamiento.” 

4. El concepto de democracia aceptable para nosotros, es el de la 5ta. acepción, en la clasificación de Héctor Hernandez: participación del pueblo en la cosa pública. “...el recto rechazo de algunas posiciones democratistas produce a veces un rechazo, esta vez injustificado, de contenidos políticos valiosos.” (Democracia: acepciones, valoración; 1991) 

5. La Iglesia acepta la democracia como forma de Estado, o régimen político, compatible con cualquier forma de gobierno que asegure el Bien Común. La última formulación, coherente con el Magisterio anterior, está en la Enc. Centesimus Annus, de Juan Pablo II:

“La Iglesia aprecia el sistema de la democracia, en la medida en que

-asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas

-y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, 

-o bien la de sustituirlos oportunamente de manera pacífica.”

 “Al no ser ideológica, la fe cristiana no pretende encuadrar en un rígido esquema la cambiante realidad sociopolítica y reconoce que la vida del hombre se desarrolla en la historia en condiciones diversas y no perfectas.” (p. 46) 

6. Creo que se hace un nominalismo al revés, al hacer hincapié en una palabra, que, en realidad, tiene muchas acepciones. No hay ningún motivo para limitarnos a rechazar el concepto liberal de democracia, ignorando, de paso, la enseñanza de la Iglesia que es madre y maestra, y nos muestra el camino correcto. 

7. Desde el plano técnico, considero que la mejor explicación del tema, y que podemos tomar para nosotros, es la de Bidart Campos, en “Doctrina del Estado Democrático”, donde la define así: 

“La democracia es una forma de Estado que, orientada al bien común, respeta los derechos de la persona humana, de las personas morales e instituciones, y realiza la convivencia pacífica de todos en la libertad, dentro del ordenamiento de derecho divino y de derecho natural.”

“La democracia es una forma de Estado; con ello la negamos como forma de gobierno...”. 

8. Nuestra forma de gobierno es la republicana, según establece el Art. 1 de la Constitución Nacional, y ninguno de los elementos que la describen es incompatible con la fe cristiana. 

Córdoba, 1-11-07

Mario Meneghini

01/11/2007 22:57 Autor: azulyblanco. Enlace permanente. Tema: Participación cívica No hay comentarios. Comentar.

Reflexión

 A propósito de un acto de cierre de campaña  

El pasado lunes 22 de octubre, el Partido Popular de la Reconstrucción cerró su campaña electoral con un acto en Capital Federal. Me adelanto a los que opinarán ¿de qué sirve todo este esfuerzo si no puede alcanzar el segundo puesto? O a los otros que sostendrán que no se puede actuar dentro del sistema pues el sistema es la enfermedad. Todo esto lo sabemos y quienes integran el PPR, lo saben mejor aún. Pero, entonces, ¿para qué me sirve? Elijo al azar: me “sirve” para que al menos cada vez que hay elecciones escuche una voz  en los medios de comunicación que me represente. ¿No tengo derecho a ser representada? Comulgo con el lenguaje de Gustavo Breide Obeid de la A a la Z. En cuanto al “sistema”, vivo en el siglo XXI aunque ame el siglo XIII que no es mi tiempo. Dios me hizo vivir en este tiempo y en esta realidad. No es Tomás de Aquino el consejero y el amigo del gobernante. No hay un San Luís Rey que se nutre de sabiduría y santidad. Es inútil querer forzar la máquina del tiempo. Dios nos exige el testimonio, ahora, con todos los medios que se nos presentan. Los medios son sólo eso, medios. El asunto es usarlos sin renuncios.

Volviendo al acto: para mí, que soy nacionalista por convicción, genética y herencia, fue perfecto. Un “extrapartidario” que ame a Dios y a su Patria tiene que sentirse conmovido por la claridad intelectual, la coherencia, la valentía, la pasión por lo grande, presentes en el discurso (arenga) de Breide Obeid. Atreverse, jugarse por el Padre von Wernich, diciéndole a los Obispos: “ustedes se equivocan, este es un ataque a la Iglesia Católica”, esto es realismo y coraje político, más allá de todo cálculo. Es que cuanto más se agachen los Obispos más pronto desaparecerán las capellanías militares y las subvenciones a los colegios católicos  pues todo está decidido y, encima, el enemigo los desprecia. A Gustavo Breide nadie lo puede despreciar. Hay que mencionar, también, la actuación de Los Colorados, un conjunto de canto folklórico, tan nuestro; presencia joven y entusiasta de los que aman las cosas que no mueren. La arenga del profesor Vergara, con ese estilo tan propio del interior, esa pasión entrerriana que me recordó las homilías de un sacerdote, gran patriota nacionalista entrerriano, el Padre Yanot. El Mayor Romero Mundani con sus dos canciones, una la que evoca la guerra en el monte tucumano, la otra, la de una voz en las Malvinas. Por supuesto, al oírlo lloramos todos, sobre todo cuando escuetamente nos dijo, refiriéndose a la guerra contra la subversión marxista: “ganamos la guerra, perdimos la postguerra; ahora ellos nos gobiernan porque ellos leyeron a Gramsci y nosotros, no.

Tanto Romero Mundani como Breide reivindicaron el orgullo de haber combatido en Tucumán, no lo ocultaron pues saben que el ayer al mañana nos tiene atados.Estuvo presente y fue especialmente mencionado, un “extrapartidario”, Emilio Nani que integra una de las listas de candidatos. Y cómo no: si él es el veterano de todas las guerras argentinas del siglo XX. Me quedé pensando. Los que tienen la grandeza como denominador común terminan identificándose en lo que es permanente y todo lo que fue contingente se trasciende. En los últimos desencuentros internos del Ejército estuvieron, Nani y Breide, en “bandos” diferentes. Ahora están unidos en Dios y la Patria. Hombres de honor como estos, casi no hay. ¡Dios los conserve!

Para terminar me gustaría resaltar la presencia de muchos y muchas dirigentes de los movimientos que luchan a favor de la vida desde la concepción. Una convergencia dichosa y llamativa.No me importan cuántos votos sacará el PPR. Me importa el testimonio de decir toda la verdad, nada más que la verdad sin sombra de demagogia. Si siempre admiré a José Antonio y a Blas Piñar que fueron diputados del “sistema”, nada me impide apoyar a estos amigos que buscan lo mismo con los mismos medios en mi Patria. No me embroncan los enemigos que seguramente los odian por ser católicos, nacionalistas y signos de contradicción. Me embroncan los “amigos” que de una y otra forma les mueven el piso. No discuto las intenciones de los que, sea por principio, sea por creer ingenuamente en promesas electorales que los “bandidos” no cumplirán... como siempre, terminan restando apoyo a quienes, en definitiva, buscan lo mismo. ¿Por qué no nos ayudamos mutuamente? O, al menos, ¿por qué no nos abstenemos de poner palos en la rueda del otro?

Por Dios y por la Patria, hasta que la muerte nos separe de la lucha.  

María Lilia Genta                                                                                   (24-10-07)

Orientación doctrina para la elección

  ELECCIONES PRESIDENCIALES  2007 

La Escuela de Dirigentes “Santo Tomas Moro” procura por éste medio compartir su opinión sobre las próximas elecciones presidenciales. Hemos analizado: 

l. Los principios, criterios de juicio y directrices para la acción, que contiene la Doctrina Social de la Iglesia, sintetizados en cuatro documentos, a saber: 

- Carta Apostólica, “Octogesima adveniens”, Pablo VI, 1971. 

- Exhortación Apostólica “Christifideles Laici”, Juan Pablo II, 1988. 

- “Nota Doctrinal sobre algunos cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política”; Congregación para la Doctrina de la Fe, 2002. 

- ”Exhortación pastoral sobre el compromiso ciudadano y las próximas elecciones”; Conferencia Episcopal Argentina, 28-4-2007. 

2. En el documento pontificio “Sacramentun Caritatis” (22-2-07), Benedicto XVI señala la grave responsabilidad de los cristianos cuando deben decidir sobre cuatro valores que no son negociables:

-Defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural;

-La familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer;

-La libertad de educación de los hijos;

-La promoción del bien común en todas sus formas. 

3. A la luz de la Doctrina, hemos revisado las propuestas electorales de las l3 fórmulas que se postulan en ésta oportunidad. Se ha prestado particular interés a los antecedentes de los candidatos y de las respectivas fuerzas políticas que los postulan.

 4. La conclusión a que pretendemos arribar es, únicamente, determinar de qué opciones electorales dispone un católico, que sean compatibles con la doctrina de la fe que profesa. No pretendemos evaluar la calidad técnica de los programas, ni la factibilidad de concretar las promesas electorales. Tampoco nos preocupa la cantidad de votos que pueda obtener cada fórmula. 

5. Evaluando, con la mayor objetividad posible, todos los aspectos mencionados, efectuamos la siguiente conclusión esquemática:    

A) Una fórmula, carece de la mínima seriedad para ser considerada, tanto por los antecedentes de los candidatos a Presidente y a Vice, como por la fuerza política que los postulan:  

-Raúl Castells - “Nina” Pelozo: Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados

Orientación ideológica: marxista. 

B) Fuerzas políticas que se basan explícitamente en la ideología marxista -en sus distintos matices- , condenada por la Iglesia: -

José Montes - Héctor Heberling: Frente de Izquierda y los Trabajadores por el Socialismo (PTS, MAS, Izquierda Socialista) 

-Néstor Pitrola - Gabriela Arroyo: Partido Obrero (que publica la revista “En defensa del Marxismo”)         

 -Vilma Ripoll - Héctor Bidone: Movimiento Socialista de los Trabajadores 

-Fermando Solanas - Ángel Cadelli: Partido Socialista Auténtico         

C) Luis Ammann - Rogelio Deleonardi : F.R.A.L., Frente Amplio hacia la Unidad Latinoamericana (Partido Humanista y Partido Comunista)El Partido Humanista es la expresión política de la Comunidad, movimiento esotérico, creado por “Silo”, con una posición antagónica al cristianismo. 

D) Ricardo López Murphy - Esteban Bullrich: Recrear.    

Orientación ideológica: liberal.

Su posición ideológica quedó manifestada en su breve experiencia como ministro de Economía, cuando, para mejorar la situación presupuestaria, dispuso reducir los sueldos y jubilaciones. En su programa no se encuentran definiciones sobre los temas de bioética no negociables, y el candidato ha eludido pronunciarse sobre ellos en público. En la única declaración sobre la cuestión, que hemos encontrado, sostiene que “sería simplista creer que el aborto es la solución, más bien hay que lograr que ninguna mujer esté en esa situación tan extrema y dramática” (Infobae, 10-10-05). Sin embargo, legisladores de su partido han apoyado las leyes de Salud Reproductiva y de Uniones Civiles. 

E) Elisa Carrió - Rubén Giustiniani: Coalición Cívica.    

Orientación ideológica: socialdemócrata

Se ha manifestado a favor de legalizar las uniones de homosexuales. Su candidato a vicepresidente (Presidente del P. Socialista) y los principales legisladores de su partido (ARI) han votado las leyes de: esterilización quirúrgica, educación, educación sexual, CEDAW, etc. 

F) Jorge Sobisch - Jorge Asís: Movimiento de las Provincias Unidas   

Orientación ideológica: justicialista.

Con buenos antecedentes como Intendente y Gobernador en Neuquén. En la Convención Constituyente de 2006 -presidida por Sobisch- que reformó la Constitución de Neuquén, se incluyeron en el texto los derechos sexuales y reproductivos. Sin embargo, en la Declaración de Principios de su proyecto político, se afirma que “reafirmamos y expresamos nuestra convicción y fe cristiana en el derecho de cada persona a la vida, ya desde su concepción. Honrar la vida, proclamar el derecho del embrión a ser persona, defender el derecho a nacer, crecer y desarrollarse...”. 

G) Alberto Rodríguez Saá - Héctor Maya: Frente Justicia, Unión y Libertad    

Orientación ideológica: justicialista

Este candidato acaba de ganar la reelección como Gobernador de San Luis; debiendo recordarse que su hermano Adolfo gobernó durante 20 años la provincia, siendo innegable que la misma mejoró sustancialmente. El actual Gobernador, se ha declarado públicamente ateo, en varias oportunidades, habiendo afirmado, por ejemplo, “la Biblia es un cuento de ciencia ficción”. Su posición, teñida de esoterismo (Noticias, 15-9-07), lo enfrentó con la Iglesia. Despojó a congregaciones religiosas de la administración de los Institutos: Colonia Hogar, Materno Infantil y Hogar de Ancianos. 

H) Roberto Lavagna - Gerardo Morales: Concertación UNA (incluye a la Unión Cívica Radical)    

Orientación ideológica: justicialista.

En su programa, no se encuentran definiciones sobre los cuatro temas no negociables. Tampoco puede deducirse la posición de su trayectoria en la función pública, puesto que colaboró en los gobiernos de Perón, Alfonsín, De la Rúa, Duhalde y Kirchner. En un reportaje en La Nación (15-4-07) se manifestó de acuerdo en despenalizar el aborto con algunos límites. Lanzó su candidatura en Tilcara, Jujuy, en una ceremonia de homenaje a la Pachamama (La Nación, 22-7-07).

 I) Cristina Fernández de Kirchner - Julio César Cobos: Frente para la Victoria.  

Orientación ideológica: socialdemócrata

Como Senadora, votó a favor las leyes de: esterilización quirúrgica, educación, educación sexual. Pertenece al equipo político que encabeza su esposo, el actual Presidente, cuya manifestación cultural más clara está contenida en el Decreto Nº 1086/05: Plan Nacional contra la Discriminación, que incluye propuestas concretas que se procura convertir en normas jurídicas:  

-legalización de la prostitución (nº 53)  

-reconocimiento de asociaciones de meretrices (nº 52) y de homosexuales (nº 20)  

 -autorización de intervenciones quirúrgicas de cambio de sexo (nº 21)  

-eliminación de símbolos religiosos en ámbitos públicos (nº 74)  

-despenalización del aborto procurado (nºs. 234, 236, 237 y 238)  

-otorgamiento de derechos similares a los matrimoniales, para parejas del mismo sexo (nº 19). J)

Gustavo Breide Obeid - Héctor Vergara: Partido Popular de la Reconstrucción.    

Orientación ideológica: nacionalista.

Ex militar, licenciado en Ciencia Política y docente universitario. En la Declaración de Principios de su partido se afirma: “Que la dimensión trascendente del hombre debe ser preservada tanto del acoso de los ideologismos, como del materialismo y de las pautas culturales extrañas”. 

6. Las opciones  electorales “Sobisch” y “Breide Obeid”, son las únicas en las que no encontramos elementos que resulten contradictorios con los principios doctrinarios, y que, por lo tanto, podrían ser apoyadas en la primera vuelta. 

7. Como se elegirán también diputados nacionales, y, en algunos distritos, senadores nacionales, consideramos que no sería coherente votar para estos cargos a candidatos de los partidos/alianzas indicados en A-B-C. Con respecto a los demás partidos/alianzas (D a J), si se postulan algunos dirigentes que resulten confiables, aunque los respectivos candidatos a presidente no lo sean, pueden ser apoyados para dichos cargos legislativos. 

8. En el caso de existir una segunda vuelta, y presuponiendo que una de las más votadas será la Sra. Kirchner, sería lícito apoyar la opción “Lavagna”, por aplicación del principio del mal menor. 

Córdoba,  Setiembre 26 de 2007.- 

Mario Meneghini

escuelatmoro@gmail.com  

 Páginas web: 

www.elisacarrio.com.ar

www.presidenteLavagna.com

www.AlbertoRodriguezSaa.com.ar

www.mpn.org.ar  (Sobisch

)www.recrear.org.ar   (L. Murphy)

www.cristina.com.ar

www.accionelectoralppr.blogspot.com   (Breide Obeid)

www.pinosolanas.com

www.po.org.ar    (P. Obrero)

www.mst.org.ar   (Mov. Socialista de los Trabajadores) 

http://azulyblanco.blogia.com  (participación cívica de los católicos)     

26/09/2007 16:16 Autor: azulyblanco. Enlace permanente. Tema: Participación cívica No hay comentarios. Comentar.

Participación cívica

  El compromiso ciudadano y las próximas elecciones  

Exhortación pastoral de la Conferencia Episcopal Argentina

 A los hijos de la Iglesia, y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad  

I. La Pascua y la vocación del cristiano en el mundo

1. La fe en Jesús resucitado, que celebramos más intensamente en este tiempo de Pascua, nos impulsa a renovar nuestra vida, viviéndola con verdad, libertad, justicia y solidaridad en la Iglesia y en la sociedad política de la que formamos parte. Somos miembros de las dos, y en las dos la fe nos llama a vivir nuestra vocación.  

2. En estas circunstancias históricas, la fe nos exige crecer aún más en nuestro compromiso ciudadano. Somos conscientes de los pasos dados para superar la crisis en la que habíamos caído. Sin embargo, no podemos dejar de atender a la profundidad de la misma. Ésta, si bien tuvo consecuencias económicas y sociales muy graves, viene de vieja data, y tiene sus profundas raíces en el individualismo y en el relativismo que distorsionan la concepción de la vida humana y de la convivencia.  

3. De allí la necesidad urgente que todos los argentinos, y especialmente los cristianos, descubramos mejor nuestra vocación por el bien común, y así nos convirtamos «de habitantes en ciudadanos», corresponsables de la vida social y política, a lo que nos ayuda el conocimiento y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia.  

II. Las próximas elecciones

4. Este año, marcado de manera particular por las elecciones, es una ocasión propicia para que hagamos un examen serio de nuestro comportamiento social, y analicemos cómo es el cumplimiento de nuestros deberes y la exigencia de nuestros derechos, sea como simples ciudadanos, sea como autoridades llamadas a ejercer la función para la que son elegidas.   

5. El acto eleccionario requiere el conocimiento de las propuestas y el pleno ejercicio de la libertad del ciudadano. Esto compromete al que se postula, quien debe definir claramente su programa de acción política, y al que debe votar, a informarse debidamente de la probidad de los candidatos y de la dimensión ética de sus propuestas. 

6. La trascendencia del acto eleccionario exige una gran transparencia, que lo aleje de prácticas demagógicas y presiones indebidas, como el clientelismo y la dádiva, que desvirtúan su profundo significado y degradan la cultura cívica. Por otra parte, es obligación del ciudadano controlar la gestión del gobernante.

 III. Algunos desafíos a tener presentes

7. Son muchos los desafíos que debemos enfrentar. Señalamos algunos que nos parecen más significativos y nos comprometen como ciudadanos: 

a) la vida: es un don de Dios y el primero de los derechos humanos que debemos respetar. Corresponde que la preservemos desde el momento de la concepción y cuidemos su existencia y dignidad hasta su fin natural; 

b) la familia: fundada en el matrimonio entre varón y mujer, es la célula básica de la sociedad y la primera responsable de la educación de los hijos. Debemos fortalecer sus derechos y promover la educación de los jóvenes en el verdadero sentido del amor y en el compromiso social; 

c) el bien común: es el bien de todos los hombres y de todo el hombre. Debemos ponerlo por sobre los bienes particulares y sectoriales. Su primacía sustenta y fortalece los tres poderes del Estado, cuya autonomía, real y auténtica, se hace imprescindible para el ejercicio de la democracia. Dicho bien común se afianza cuando la autoridad sanciona leyes justas y vela por su acatamiento. También el ciudadano está obligado en conciencia a cumplirlas, salvo que se opongan a la ley natural; 

d) la inclusión: debemos priorizar medidas que garanticen y aceleren la inclusión de todos los ciudadanos. La pobreza y la inequidad, no obstante el crecimiento económico y los esfuerzos realizados, siguen siendo problemas fundamentales. Toda gestión social, política y económica debe estar orientada al logro de una mayor equidad, que permita a todos la participación en los bienes espirituales, culturales y materiales; 

e) el federalismo: tenemos que promover el verdadero federalismo, que supone el fortalecimiento institucional de las Provincias, con su necesaria y justa autonomía respecto del poder central. Los poderes del Estado se ennoblecen cuando consolidan la estructura federal y republicana del País; 

f) políticas de Estado: la experiencia nos ha enseñado que una sociedad no crece necesariamente cuando lo hace su economía, sino sobre todo cuando madura en su capacidad de diálogo y en su habilidad para gestar consensos que se traduzcan en políticas de Estado, que orienten hacia un proyecto común de Nación. Este sigue siendo un fuerte desafío para nuestra democracia. 

8. Nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad, como en desencuentros y resentimientos. Nos queda pendiente la deuda de la reconciliación. En este sentido, el Papa nos recuerda que «las condiciones para establecer una paz verdadera son la restauración de la justicia, la reconciliación y el perdón». Nuestro más vivo deseo es que el período de conmemoración del bicentenario, que celebraremos entre el 2010 y el 2016, nos encuentre fortalecidos en un espíritu común, donde la reconciliación de los argentinos genere finalmente un ambiente de verdadera paz y amistad social. 

9. Al concluir nuestra 93ª Asamblea Plenaria, compartimos con ustedes estas reflexiones, que son nuestra preocupación y, a la vez, nuestra esperanza para el futuro de la Patria.Que María Santísima, nuestra Madre de Luján, nos acompañe con su intercesión, en este camino del pueblo argentino.

Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina. Pilar, 28 de abril de 2007  

14/08/2007 15:25 Autor: azulyblanco. Enlace permanente. Tema: Participación cívica No hay comentarios. Comentar.

Mal menor

 MAL MENOR EN LAS ELECCIONES POLÍTICAS

VOTAR: ¿OPTATIVO O MORALMENTE OBLIGATORIO?[1] 

Mario Meneghini 

1. Es lugar común en la Argentina la queja sobre el mal funcionamiento del sistema político, y sobre la calidad de la mayoría de  los dirigentes. Por eso, en los últimos años -en especial desde la crisis de 2001- se han lanzado muchos proyectos para intentar mejorar dicho sistema político. El principal problema es que la  misma base teórica en nuestro sistema institucional parte de un principio falso: la soberanía popular, que consiste en conferir al pueblo la atribución ontológica del poder. Esta teoría ha quedado consolidada jurídicamente en nuestra Constitución Nacional con la reforma de 1994. En efecto, el nuevo Art. 37 garantiza el ejercicio de los derechos políticos con arreglo al principio de la soberanía popular. Bidart Campos (1961) demuestra que los supuestos en que se basa esta tesis son científicamente falsos:Es ficción considerar al pueblo como susceptible de representación, y como entidad unificada que confiere mandato; ficción es suponer que el parlamento representa a la totalidad del pueblo; ficción que los actos de los representantes son actos del pueblo; ficción que el pueblo gobierna. 

2. Ahora bien, que señalemos los errores en que se basa la legislación vigente, no nos autoriza a abandonar el campo de la vida cívica. En primer lugar, pues la realidad indica que la teoría democrática no es más que una máscara totemística, y la partidocracia -que implica desmentir la teoría- se impone al margen de las elucubraciones y de las normas. Cuando el electorado es convocado a las urnas, participa en una especie de ballotage, para seleccionar de entre los candidatos que han sido previamente postulados por los partidos.En segundo lugar, no es correcto cuestionar un ordenamiento institucional por que sean discutibles sus fundamentos intelectuales (Palacio, 1973). En el plano de las ideas es lícito preferir un régimen político que consideremos el mejor, pero, en toda sociedad se impone, con el tiempo, una forma determinada de selección y reemplazo de los gobernantes. Si esa forma no afecta de manera directa la dignidad humana, y rige de hecho en una sociedad, su aceptación no solamente es lícita, sino incluso obligatoria, con obligación impuesta por la necesidad del bien común...[2]

 3. En la Argentina tiene vigencia, desde 1853, un ordenamiento constitucional, que, como se ha dicho (Lamas, 1988) es tributario de una serie de pactos y compromisos en el curso de los acontecimientos políticos nacionales, y rige, desde entonces, con una aceptación pacífica y estable, lo que le confiere legitimidad. Consideramos inaceptable, entonces, la actitud de algunos distinguidos intelectuales de negarse a participar en la vida cívica, por considerar cuestionable la misma Constitución y el sistema electoral que de ella deriva, y promover la abstención como única conducta válida para quienes rechazan la teoría de la soberanía popular[3]. Por el contrario, la obligación moral de participar será tanto más grave, cuanto más esenciales sean los valores morales que estén en juego (Malinas, 1959). 

Participación en política 

4. Luego de esta introducción, podemos abocarnos al tratamiento de la doctrina del mal menor en el proceso electoral. La historia nos muestra que en todas las épocas y en todos los países, el sufragio ha sido utilizado normalmente como instrumento de selección de las autoridades políticas. Es un modo de poner en acto el derecho natural del ciudadano de participar en la vida pública de su sociedad (Martínez Vázquez, 1966). En todos los tiempos y lugares, se han elegido magistrados, reyes, presidentes y hasta dictadores, sin que de ello se derivara necesariamente un mal para la sociedad. Y la forma republicana de gobierno, que fija nuestra Constitución, implica la periódica elección de autoridades, lo que no es objetable moralmente[4], por el contrario, existe la obligación moral de votar, salvo excepciones[5]. 

5. Estimamos que, sostener en vísperas de toda elección, que es inútil y hasta una falta moral ejercer el voto, pues todos los candidatos son malos y todos los programas defectuosos, revela una apreciación equivocada de la actividad política. Precisamente en una época histórica caracterizada por problemas sumamente complejos y una gran confusión de ideas, se hace más necesario que nunca acudir a la política para procurar resolver los problemas. Rehusarnos a intervenir en la vida comunitaria porque no nos gusta lo que vemos, equivale a avalar la continuidad de lo existente. Destaca Tomás Moro (1944): Si no conseguís realizar todo el bien que os proponéis, vuestros esfuerzos disminuirán por lo menos la intensidad del mal. 

6. Tampoco es correcta la impresión de que la política necesariamente conduce a la corrupción, como afirmaba Lord Acton. Es cierto que el poder es ocasión de peligro moral, lo que ocurre, asimismo, con otras cualidades humanas, como la inteligencia, la cultura, la belleza, la riqueza, lo que no significa que merezcan calificarse de intrínsecamente malas. Puesto que la autoridad ha sido creada por Dios, su ejercicio no puede ser malo en sí mismo[6]. 

7. Suele alegarse que la decisión de no participar en un proceso electoral, deviene de una obligación de conciencia. Ahora bien, la conciencia debe estar iluminada por los principios y ayudada por el consejo de los prudentes. No es posible identificar la conciencia humana con la autoconciencia del yo, con la certeza subjetiva de sí y del propio comportamiento moral (Ratzinger, 1998)[7]. Por otra parte, como señala el Prof. Tale (2006), el abstenerse de hacer algo por objeción de conciencia es válido, si es la única manera de no afectar el principio en que se funda: no dañar. Y, en muchos casos, la objeción de conciencia no basta para cumplir con el deber moral de participar en la vida comunitaria. Antes de invocar la obligación de conciencia, cada persona debe procurar disponer de la información necesaria para evaluar correctamente a los partidos que se presentan a una elección, así como a los candidatos respectivos. Como ejemplo, podemos citar la última elección presidencial en la Argentina (2003), a la que muchos ciudadanos concurrieron, creyendo que sólo se presentaban cinco candidatos, cuando en realidad fueron dieciocho, de los cuales, por lo menos cuatro no merecían ninguna objeción a quien profese los principios del derecho natural. 

8. Como explica Bargallo Cirio (1945): Adecuarse a las circunstancias es sólo contar con ellas para actuar. Para defenderlas o apoyarlas cuando se deba, o para atacarlas, torcerlas o dominarlas, cuando sea necesario. (...) La acción política es antes que nada humilde contacto con la realidad.Criticar la realidad social contemporánea, despreciándola por comparación con alguna forma que existió históricamente, o con un esquema de lo óptimo, implica caer en el utopismo. Es preciso conocer la realidad, tal cual es, antes de intentar mejorarla. No es racional desconocer la fuerza de los hechos. Reconocer que no podemos modificar una situación injusta, no equivale a convalidarla. Tras las ilusiones, vienen las frustraciones, y la conciencia de la miopía padecida conduce, finalmente, a la abominación del objeto, en nuestro caso de la política (Ayuso Torres, 1982).  

9. Para cada sociedad política, pueden existir, simultáneamente, tres concepciones del régimen político: el ideal, propuesto por los teóricos; el formal promulgado oficialmente; y el real - o constitución material-, surgida de la convivencia que produce transformaciones o mutaciones en su aplicación concreta. De modo que negarse a reconocer una constitución formal, implica, a menudo, enfrentarse con molinos de viento, limitándose a un debate estéril, porque, además, no se tiene redactada la versión que se desearía que rigiera.Por eso, como enseña Pablo VI: La apelación a la utopía es con frecuencia un cómodo pretexto para quien desea rehuir las tareas concretas refugiándose en un mundo imaginario. Vivir en un futuro hipotético es una coartada fácil para deponer responsabilidades inmediatas[8].La Constitución Nacional (Art. 38) reserva la postulación de candidatos a cargos públicos electivos, a los partidos políticos, por lo que la única forma de participar en la vida cívica es a través de los mismos, ya sea incorporándose a uno, creando uno nuevo, o simplemente votando por el más afín. 

Aplicación del mal menor 

10. Afirma Santo Tomás que: Cuando es forzoso escoger entre dos cosas, que en cada una de ellas hay peligro, aquélla se debe elegir de que menos mal se sigue[9]. Por cierto que nunca es lícito, ni aún por razones gravísimas, hacer el mal para conseguir el bien, es decir, hacer objeto de un acto positivo de voluntad lo que es intrínsecamente desordenado, pero sí es lícito tolerar un mal moral menor a fin de evitar un mal mayor o de promover un bien más grande[10].Aplicando la doctrina, al tema eleccionario, el Prof. Palumbo (2004) explica que: “En el caso concreto de una elección, al votarse por un representante considerado mal menor, no se está haciendo el mal menor, sino permitiendo el acceso de alguien que posiblemente, según antecedentes, lo hará”.                    

11. En ocasiones, el ciudadano no tiene la posibilidad de elegir entre varios partidos, pues ninguno le ofrece garantías mínimas, al presentar plataformas que permiten prever acciones perjudiciales para la sociedad, o declaraciones de principios que contradicen la ley natural. En esos casos, tiene el deber de abstenerse de votar. Pero no es habitual que no haya ningún partido aceptable; por lo tanto, aunque no le satisfaga totalmente, debe votar al partido que parezca menos peligroso. Al proceder así, no está avalando aquellos aspectos cuestionables de su plataforma, sino, simplemente, eligiendo el mal menor (Haring, 1965).            

Voto útil           

12. A menudo se exhibe, incorrectamente, al llamado voto útil, como ejemplo de mal menor. El voto útil consiste en que el elector otorgue su voto a un partido que tiene posibilidades de ganar, aunque no sea el que más le atrae, para que el voto no se desperdicie. Este enfoque pragmático tiene ribetes de exitismo, cuando no de cobardía. El mal menor no se vincula con el maquiavelismo político, que admite hacer un mal para obtener un bien, lo cual es siempre ilícito. El mal menor consiste en tolerar un mal, no realizarlo. Un caso típico es el de la ley seca, en Estados Unidos; la experiencia indicó que prohibir el consumo de alcohol era más perjudicial que tolerarlo.         

Votar un partido que carece de posibilidades de obtener ni siquiera una banca de concejal, no es una acción inútil. Si el partido satisface las expectativas, pues defiende principios sanos y presenta una plataforma que convendría aplicarse, y/o postula a dirigentes capaces y honestos, merece ser apoyado. El voto, en este caso, servirá de estímulo para quienes se dedican a la política en esa institución, les permitirá ser conocidos, y facilitará una futura elección con mejores perspectivas.             

El concepto de cleavage           

13. Los politólogos utilizan el concepto de cleavage, entendido como línea divisoria entre las distintas opciones electorales, ya que el análisis de los sufragios emitidos muestran que la mayoría de los electores deciden su voto en base a cuestiones concretas evaluadas según su posición previa respecto de ellas (Paramio, 1998). Si bien es admisible que el voto esté influenciado por el grupo social de pertenencia, es falso que sean los intereses quienes determinen las preferencias electorales, pues éstas nunca son unidimensionales. Normalmente, los electores votan al partido que se aproxima más a sus propias preferencias, de acuerdo a las propuestas de la plataforma respectiva. De allí que pueda estimarse que se da una relación de identificación entre los electores y un partido, que los lleva a apoyarlo por considerar que es una opción satisfactoria, en base a los antecedentes, en cuanto a los programas y los candidatos. Esta identificación representa un estímulo para superar la tendencia al abstencionismo o a pensar que todos los políticos son iguales.          

Sin embargo, en vísperas de una elección cada partido debe definir posiciones sobre múltiples temas, siendo difícil que el ciudadano pueda compartir lo que se propone en todos ellos. La identificación, entonces, se acentúa en algunas cuestiones que cada persona considera más relevantes según su escala de valores. La forma en que se pronuncien los partidos sobre dichas cuestiones termina de decidir el voto en cada ocasión.                         

14. Se ha dicho que la clásica división de izquierda y derecha, se mantiene aunque con otro contenido, y acota Hernández (2001) -en referencia a la vida práctica jurídica- que la divisoria  en las ideas pasa hoy por las oposiciones: individualismo-solidarismo y cultura de la muerte-cultura de la vida. Agrega Tale (2006), que es necesario defender un derecho natural completo, para no limitarnos a la protección de la vida, descuidando las cuestiones económicas y políticas donde también debe cumplirse el orden natural.En el último documento del Magisterio Pontificio -Sacramentum Caritatis- se señala  la grave responsabilidad social de decidir correctamente, cuando están en juego valores que no son  negociables:                                   

-Defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural;                 

-La familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer;                 

-La libertad de educación de los hijos;                 

-La promoción del bien común en todas sus formas[11]. 

Esta orientación puede servir de guía para el análisis de las plataformas electorales y decidir el voto, ya que se concentra en los temas esenciales.                            

Opción electoral             

15. En base a lo expuesto, la opción electoral no resulta tan difícil, puesto que nuestra adhesión a los principios, y la información recopilada, nos van a  indicar el camino correcto entre las distintas posibilidades: 

1. Anular el voto: no resulta una opción válida, en ningún caso, y denota una actitud infantil de desquite imaginario contra los malos dirigentes. 

2. Votar en blanco: debe distinguirse entre dos aspectos:       

a) parcial: es decir, votar en blanco, para algunos niveles de gobierno o determinados cargos; esto es admisible, en muchas elecciones.     

 b) total: el voto en blanco para todos los cargos y niveles, únicamente puede admitirse en casos excepcionales, cuando todos los partidos y candidatos  resulten inaceptables o peligrosos. Si tenemos en cuenta que en este año electoral, habrá que votar por cargos agrupados en 9 o 10 boletas, y optar entre una docena de partidos o frentes, según el distrito, es prácticamente imposible que no haya ningún candidato aceptable. 

3. Abstenerse: si se da la situación descripta anteriormente, esta opción parece más lógica que concurrir al comicio para introducir en la urna un sobre vacío. Consideramos, que en la Argentina, hubo un sólo caso justificable para la abstención -o el voto en blanco total-, que fue la elección de convencionales constituyentes de 1957.    Es inaceptable esta opción cuando está en juego una decisión crucial para la comunidad. Un ejemplo reciente ilustra al respecto: en el referéndum sobre el aborto, realizado en Portugal, el 56 % de los ciudadanos se abstuvo; esto permitió que los partidarios del aborto obtuvieran la mayoría de los votos positivos, y si bien no se alcanzó el mínimo legal requerido, el gobierno quedó fortalecido y pudo aprobar la ley respectiva en el Parlamento. 

4. Voto positivo: puede desagregarse esta opción en varias alternativas:       

1. Votar por un partido que satisface íntegramente, para todos los niveles.     

2. Votar a varios partidos simultáneamente, seleccionando los mejores candidatos en cada caso.        

3. Votar a un partido y/o candidato, pese a merecer objeciones, aplicando la doctrina del mal menor.           

Conclusión 

La participación en la vida cívica incluye varias acciones, pero el modo más simple y general de participar en un sistema republicano, es el ejercicio del voto, y ninguna causa justifica el abstencionismo político pues equivale a no estar dispuesto a contribuir al bien común de la propia sociedad. Si, como afirma Aristóteles, es imposible que esté bien ordenada una polis que no esté gobernada por los mejores sino por los malos[12], resulta imprescindible la participación activa de los ciudadanos para procurar seleccionar a los más aptos y honestos para el desempeño de las funciones públicas. Consideramos que en esta compleja actividad, resulta necesario utilizar la antigua doctrina del mal menor, como aplicación concreta de la virtud de la prudencia que debe regir la acción política. 

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Referencias: 

Ayuso Torres, Miguel (1982). “La política como deber: sentido y misión de la caridad política”; en: “Los católicos y la acción política”; Actas de la XX Reunión de Amigos de la Ciudad Católica, Madrid, Speiro, pág. 353. 

Bargallo Cirio, Juan M.(1945) “Ubicación y proyección de la política”; Buenos Aires, Colección ADSUM, Grupo de Editoriales Católicas, págs. 45/46. 

Bidart Campos, Germán José (1961). “Doctrina del Estado democrático”; Buenos Aires, EJEA, pág. 186. 

Haring (1965). “La ley de Cristo. La teología moral expuesta a sacerdotes y seglares”; Barcelona, Herder, t. II, págs. 124/134). 

Hernández, Hector H. (2001). “Interpretación, principios y derecho natural”; cit. p.: Tale, op. cit., pág. 11. 

Lamas, Félix Adolfo (1988). “La Constitución Nacional. Sus principios de legitimidad y su reforma”; en: Moenia, Nº XXXIII, págs. 11/40. 

Malinas-Unión Internacional de Estudios Sociales (1959). “Código de Moral Política”; Santander, Sal Terrae, pág. 91. 

Martínez Vázquez, Benigno (1966). “El sufragio y la idea representativa democrática”; Buenos Aires, Depalma, págs. 20, 25, 31. 

Moro, Tomás (1944). “Utopía”; Buenos Aires, Sopena Argentina, pág. 64. 

Palumbo, Carmelo (2004). “Guía para un estudio sistemático de la Doctrina Social de la Iglesia”; Buenos Aires, CIES, pág. 150. 

Paramio, Ludolfo (1998). “Clase y voto: intereses, identidades y preferencias”; Ponencia presentada en el VI Congreso Español de Sociología, A Coruña, 24/26-9-1998 (tomado de: www.iesam.csic.es/doctrab1/dt-9812.htm) 

Ratzinger, Joseph (1998). “Verdad, valores, poder. Piedras de toque de la sociedad pluralista”; Madrid, Rialp, pág. 54. 

Tale, Camilo. “La lucha por el Derecho Natural verdadero y completo”; en: El Derecho, Serie Filosofía del Derecho, Nº 11.539, 28-6-06, págs. 11 y 12.   



[1]  Exposición en Simposio de Filosofía Política (15-6-07), en  el I Congreso Nacional de Filosofía del Derecho y Filosofía Política y IV Jornadas Nacionales de Derecho Natural, San Luis.

[2]  León XIII, “Au millieu des sollicitudes”, p. 22 y 23. “Juzgamos innecesario advertir que todos y cada uno de los ciudadanos tienen la obligación de aceptar los cambios constituidos y que no pueden intentar nada para destruirlos o para cambiar su forma”, id., p.17.

[3]  “Porque quien pone un voto positivo se hace cómplice avalando el resultado electoral, y al incurrir en lo que los teólogos nombran como cooperación activa al mal, su fe viva no está puesta en Dios sino en la soberanía popular”: Gelonch Villarino, Edmundo. “La secta imperante y la debilidad mental”; en: Centros Cívicos Patrióticos, noviembre de 2002, p. 8.

[4]  “Si un pueblo es razonable...es bueno promulgar una ley que permita a ese pueblo darse a sí mismo los magistrados que administran los asuntos públicos”: San Agustín, cit. por Santo Tomás, Suma Teológica, I-II, 97, 1.

[5]  “Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común” (Constitución Gaudium et Spes, p. 75).

[6]  “Por consiguiente, es necesaria en toda sociedad humana una autoridad que la dirija. Autoridad que, como la misma sociedad, surge y deriva de la Naturaleza, y, por tanto, del mismo Dios, que es su autor”; León XIII, Inmortale Dei, p. 2.

[7]  “No se ha de oponer la conciencia personal y la razón a la ley moral o al Magisterio de la Iglesia”; Catecismo de la Iglesia Católica, p. 2039.

[8]  Pablo VI. “Octogesima adveniens”, p. 37.

[9]  Santo Tomás de Aquino. “Del gobierno de los príncipes”; Buenos Aires, Editorial Cultural, 1945, Vol. 1ro., p. 35.

[10]  Pablo VI. Carta Encíclica “Humane Vitae”, 25-7-1968.

[11]  Benedicto XVI. Exhortación Apostólica Postsinodal “Sacramentum Caritatis”, 22-2-07, p. 83.

[12]  Aristóteles. “Política”; Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1983, pág. 182.

12/08/2007 16:40 Autor: azulyblanco. Enlace permanente. Tema: Participación cívica No hay comentarios. Comentar.

Participación cívica

  LA DOCTRINA DEL MAL MENOR  

SU APLICACION A LA POLITICA ARGENTINA 

 Mario Meneghini   

El objetivo de esta breve ponencia es analizar la doctrina del mal menor, con vistas a su aplicación en la actividad política de la sociedad argentina. Consideramos necesario reflexionar sobre el tema, puesto que se ha extendido la opinión de que la doctrina aludida no es aplicable a la política, prácticamente en ningún caso. Creemos que ello obedece a un concepto inadecuado de la política; no se entiende que ella es  “como un itinerario que se cumple con realidades indóciles sobre un terreno escarpado, y no como algunos  pudieran soñarlo, la fácil trayectoria de un puntero sobre un mapa”[i].   

1. Es obvio que si puede elegirse entre un bien y un mal, no existe, por cierto, un dilema moral para el político, pero cuando se enfrenta con la necesidad de optar entre dos males, debe apelar a la tolerancia, haciendo una elección prudencial entre dos males, con objeto de evitar el mal mayor. En frase del doctor Angélico:  “cuando es forzoso escoger entre dos cosas, que en cada una de ellas hay peligro, aquella se debe elegir de que menos mal se sigue”[ii].   

2. La parábola del trigo y de la cizaña, implica la posibilidad de evitar la mala hierba, que, sin embargo, no se extirpa para no ocasionar un mal mayor, al arrancar también el trigo. Es claro que siempre debe haber un rechazo del mal y del error; sólo se tolera alguna de sus expresiones prácticas, al hacer una elección prudencial entre dos males. Asimismo, como acaba de recordar la Congregación para la Doctrina de la Fe, la tolerancia del mal es muy diferente a su aprobación o legalización[iii]. Pero, si es cierto que la política  es “una opción entre dificultades” (Indalecio Gómez), quien ejerce esta compleja actividad se ve frecuentemente enfrentado a esta necesidad de decidir.   

3. Esta enseñanza tradicional que se entiende y aplica habitualmente en ciertos temas -p.ej.: prostitución-, se convierte en polémica, cuando se traslada al campo de la acción cívica. Explica Santo Tomas, que la política tiene por objeto el ordenamiento de los hombres [iv], y éstos no son creados por la política, sino que la política los toma de la naturaleza y se sirve de ellos, como afirma Aristóteles, al compararla con el arte textil, que no consiste en fabricar la lana, sino servirse de ella [v]. Ahora bien, la tolerancia del mal es propia de la prudencia política y la prudencia es una virtud del intelecto práctico; el juicio prudencial señala lo que la persona debe hacer y de qué manera, atendiendo a las circunstancias de la realidad [vi].  El conocimiento y aceptación de esa realidad es la primera condición a cumplir por quien se ocupe de la acción cívica. Los hechos deben ser tomados como son, no como quisiéramos que fuesen, de lo contrario nos limitaríamos a una política hipotética, a aplicarse en un futuro indefinido, mientras nos abstenemos de operar sobre la realidad actual, porque no nos satisface. Por ello decía Balmes que “en política no es verdadero lo inaplicable(...) porque desde el momento que una teoría no se puede realizar es señal de que está en lucha con la misma naturaleza de las cosas y que, por tanto, no es verdadera con relación a ellas”[vii]. Hasta se sostiene[viii] que, en un primer momento, la política se asemeja a la física, pues se enfrenta con algunos datos inmodificables en la sociedad que debe regir. Los que tratan de cambiar desde sus raíces una realidad social que les disgusta porque no es perfecta, no se detienen ante los aspectos positivos que arrasarían al eliminar el trigo con la cizaña, e incurren en el utopismo. La sabiduría política consiste en detectar los males existentes, procurar remediarlos en la medida de lo posible, y acentuar los bienes en vigencia, buscando soluciones concretas a los problemas reales. El prudente actúa entre los principios y las circunstancias, tan alejado “de la rutina como de la utopía; acerca la realidad al ideal. El graduar esa posibilidad y analizarla es el arte del gobierno” [ix].  

 4. La teología moral, al estudiar la cooperación  en los pecados ajenos, distingue entre la cooperación formal -que constituye siempre un pecado, por contribuir al pecado de otro-, y la cooperación material. Es lícita la cooperación material, siempre que con una acción se defienda un bien superior o se impida un mal mayor. Una actitud rigorista que impida hacer cualquier cosa de la que otro pueda aprovecharse para el mal, haría imposible  toda acción política [x]. Por eso S.S. Juan Pablo II aclara que: “Las acusaciones de arribismo, de idolatría del poder, de egoísmo y corrupción(...) como también la difundida opinión de que la política sea un lugar de necesario peligro moral, no justifican lo más mínimo ni la ausencia ni el escepticismo de los cristianos en relación con la cosa pública” (Cristifideles Laici, nº 42). Nos parece lógico, entonces, que el Papa eligiera como Patrono de los Gobernantes y de los Políticos, a Santo Tomás Moro, que practicó y enseñó la virtud de la prudencia aplicada al ámbito político. Recordemos dos de los consejos que incluye en su libro “Utopía”:[xi]  -“Si no consigues realizar todo el bien que os proponéis, vuestros esfuerzos disminuirán por lo menos la intensidad del mal”.  -“La imposibilidad de suprimir en seguida prácticas inmorales y corregir defectos inveterados no vale como razón para renunciar a la función pública. El piloto no abandona su nave en la tempestad porque no puede dominar los vientos”.   

5. Consideramos imprescindible ocuparse de la doctrina del mal menor, aplicada a nuestra sociedad política, debido a la actitud de muchos compatriotas -incluídos quienes aceptan el Derecho Natural- de abstenerse de participar en la acción cívica y de rechazar, incluso,  el régimen constitucional vigente. Precisamente, en l853, al promulgarse la Constitución Nacional, encontramos un ejemplo claro de opción por el mal menor, en la prédica del P. Mamerto Esquiú, quien exhorta a aceptar el texto constitucional, pese a las críticas que merecían algunos artículos de la misma.  El 9 de julio de dicho año, en el Sermón “Lætamur de gloria vestra” (Nos alegramos de vuestra gloria), estima necesario elegir entre dos males, la guerra civil y una constitución imperfecta; elige el mal menor, diciendo: “católicos: obedeced, someteos, dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”.   

6. Agrega otras reflexiones que vale la pena recordar: [xii]  -“Obedeced, señores, sin sumisión no hay ley; sin leyes no hay patria, no hay verdadera libertad: existen sólo pasiones, desorden, anarquía, disolución, guerra y males de que Dios libre eternamente a la República Argentina...”.   -“Nuestra República jadeante y ensangrentada ha venido a colocarse donde debía estar desde el año l0: en el terreno de la sumisión a cualquier institución de gobierno que la patria nos diese, aún admitido el que no parezca peor, con tal que sea gobierno”. (Sermón, 25-5-l856)   

7. La prédica de Esquiú estuvo en sintonía con la doctrina tradicional de la Iglesia y, por cierto, en l50 años de vigencia del sistema institucional, nunca el Episcopado Argentino ha modificado el criterio. Es que la doctrina es clara y, en lo referido a éste tema, fue resumida por León XIII, en la Encíclica “Au milieu des sollicitudes”, de l892 (Nºs. l6/31). En el plano de la teoría se puede determinar qué forma de gobierno es la mejor, aunque cualquiera que tienda al bien común es aceptable. Por lo tanto, cada persona puede preferir la que más le satisfaga, en el orden especulativo. Pero, en el terreno de los hechos, todo ciudadano debe aceptar el régimen constituido, sin perjuicio del derecho a rechazar las leyes injustas. En pleno paganismo, San Pedro incitaba a los primeros cristianos a que honraran al Emperador. Por su parte, San Pablo exhortaba: “ Es preciso someterse no sólo por temor al castigo, sino por conciencia”; cuando decía esto el Emperador era Nerón. (Rom l3, 5) En cada sociedad, un conjunto de circunstancias históricas determinan una forma particular de gobierno, y como siempre, el poder político procede exclusivamente de Dios, cuando queda consolidado un régimen su aceptación es obligatoria, con obligación impuesta por el bien común.   

8. Situándonos ahora en el momento actual de nuestra patria, corresponde analizar la aplicación de la doctrina que venimos comentando. Debido a la complejidad de la vida contemporánea, la gravedad de los problemas sociales, y las dificultades que enfrentan países como el nuestro en un mundo globalizado, se acentúa la necesidad de una sana organización pública  que promueva el bien común. A lograr dicho objetivo están llamados  todos los ciudadanos, pero, en especial, quienes poseen vocación política, que deben encauzar según las normas establecidas. El sistema político vigente adolece de graves defectos, que, sin embargo, sólo podrán ser corregidos por quienes, además de  asumir una posición crítica, participen activamente en la vida cívica. Para ello, se “requiere que penetren en las instituciones de la misma vida pública y actúen con eficacia desde dentro de ellas” (Pacem in Terris, nº l47). Como el Estado Argentino adoptó la forma republicana de gobierno,  que implica la elección de los gobernantes, y  la postulación para los cargos electivos está reservada a los partidos políticos, por el Art. 38 de la Constitución Nacional, es a partir de esa realidad que debemos desplegar nuestro esfuerzo por mejorar la sociedad en que la Providencia nos ha colocado.  

 9. Nada nos obliga a manifestar conformidad con el orden jurídico vigente, y es lícita toda acción destinada a modificarlo, siempre que sea  compatible con los principios doctrinarios y, además, eficaz. Constituye una actitud ingenua creer que un grupo de ciudadanos, con sólo proponérselo, puede modificar la compleja trama de ideas, instituciones, preferencias e intereses que configuran un sistema político nacional. Toda modificación profunda será consecuencia del reemplazo de un grupo de dirigentes por otro. Cuando un pueblo parece preferir a los malos dirigentes, es sencillamente porque faltan buenos dirigentes, dispuestos a actuar públicamente, al margen de logias y procedimientos secretos, que únicamente sirven de pantalla para ocultar la carencia de adeptos y evitar asumir compromisos. La prédica abierta y el testimonio de una conducta coherente con los principios, son los mejores instrumentos para engendrar adhesión y lograr influencia efectiva en la realidad social. El apartarse de la vida cívica por el desagrado que provoca la corrupción y chatura que la caracterizan en nuestro medio, no representa ninguna solución. En frase de la Conferencia Episcopal: “No podemos ser peregrinos del cielo, si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena.” (CEA, l0-8-200l, p. l4)   

10. El éxito de una gestión política depende de varios factores, pero nunca es el fruto de la improvisación; requiere un trabajo paciente, sistemático, de un número suficiente de personas decididas a consagrarse en forma permanente a dicha actividad. Un dirigente político no puede limitarse a manejar los principios de un orden social abstracto. Debe esforzarse por descubrir la forma más adecuada de aplicar los principios a la realidad, con flexibilidad e imaginación. Una de las condiciones que fijaba el P. Meinvielle para concretar una transformación nacional es lograr el apoyo de la opinión sana del país. De poco sirve un grupo de intelectuales que cree saber lo que habría que hacer, pero a los que nadie entiende ni conoce. La doctrina tiene que estar encarnada en hombres que cuenten con el apoyo de muchos, formando una corriente de opinión favorable a la aplicación de la doctrina.   

11. Como el acceso al gobierno depende de una elección, vuelve a plantearse el tema del mal menor. Señalaba el Arzobispo de Denver (EE.UU.), frente a un proceso electoral, que “ningún candidato es perfecto”, y que “toda elección es una historia de dos virtudes: prudencia y coraje. El coraje es la valentía de hacer lo que es correcto a la luz de nuestra fe, incluso si tememos las consecuencias. Sin coraje, la prudencia rápidamente se convierte en una excusa para la cobardía” (ACI, l-ll.2002). Recordemos que el voto es un deber moral para todo ciudadano  (Gaudium et Spes, p. 75 - CIC, nº 2240). Únicamente en casos excepcionales, en que todos los partidos y candidatos resulten peligrosos para el bien común, podrá optarse por la abstención. “En caso contrario, debe dar su voto al partido que entienda ser menos opuesto a las buenas costumbres, a la fe”[xiii].  Cuando ninguno de los candidatos satisfaga plenamente nuestras aspiraciones, al votarse por el candidato considerado un mal menor, no se hace un mal menor, sino que se permite “el acceso de alguien que posiblemente, según antecedentes, lo hará”[xiv].  

 12. Nos parece que en medio de la crisis más profunda que ha conocido la Argentina, quienes tomamos como guía el Derecho Natural, podemos encontrar en la antigua doctrina del mal menor una ayuda invalorable  para la aplicación efectiva de los principios a la realidad política, siendo conscientes de las exigencias que la acción cívica plantea.   

13. Finalizamos, por eso, con una reflexión del Santo Padre, formulada durante el Jubileo de los Políticos:     “El declive de las ideologías se acompaña de una crisis de formaciones partidistas, que constituye un desafío a comprender de modo nuevo la representación política y el papel de las instituciones. Es necesario redescubrir el sentido de la participación, implicando en mayor medida a los ciudadanos en la búsqueda de vías oportunas para avanzar hacia una realización siempre más satisfactoria del bien común.”[xv]   

CORDOBA, agosto l4 de 2003.      

[i]  Bargallo  Cirio, Juan M. “Ubicación y proyección de la política”; Buenos Aires, Colección ADSUM, Grupo de Editoriales Católicas, l945, pag. 42.   [ii]  Aquino, Sto. Tomás. “Del gobierno de los príncipes”; Buenos Aires, Edit. Cultural, l945, T. l, pag. 35. [iii]  Congregación para la Doctrina de la Fe; “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales. Comportamiento de los políticos católicos”; 2003, p. 5. [iv]  Aquino, Sto. Tomás. “Prefacio a la Política”; México, Edit. Tradición, l982, pag. l7. [v]  Aristóteles. “Política”; Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, l983, pag. l9. [vi]  Calderón Bouchet, Rubén. “Sobre las causas del orden político”; Buenos Aires, Edit. Nuevo Orden, l976, pgs. ll7/l25. [vii]  García Escudero, José María. “Antología política de Balmes”; Madrid, BAC, l98l, pag. l86.  [viii]  Massot, Vicente Gonzalo. “El poder de lo fáctico”;  Buenos Aires, Ciudad Argentina, 200l, pag. l5. [ix]  García Escudero, José María. “El pensamiento de Angel Herrera”;  Madrid, BAC, l987, pgs. 29, 30, 35. [x]  Häring, B. “La ley de Cristo. La teología moral expuesta a sacerdotes y seglares”;  Barcelona, Herder, l965, T. 2, pgs. l24/l25.  [xi]  Utopía, Buenos Aires, Sopena Argentina, l944,  p. 64. [xii]  Esquiú, Fray Mamerto. “Sermones de un patriota”;  Buenos Aires, Secretaría de Cultura de la Nación y Marymar Ediciones, s/f, pgs. 2l, 22, 35, 40.  [xiii]  Häring, op. cit., pag. l34.    [xiv]  Palumbo, Carmelo. “Guía para un estudio sistemático de la Doctrina Social de la Iglesia”; Buenos Aires, EDUCA, l987, T. l. pag. l22.   [xv]  Juan Pablo II, 5-ll-2000.    

11/08/2007 17:09 Autor: azulyblanco. Enlace permanente. Tema: Participación cívica No hay comentarios. Comentar.


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